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Elogio del DrC. Vicente Guillermo Vérez Bencomo en ocasión de su investidura como doctor honoris causa por la universidad de la habana en el aula magna el 11 de noviembre de 2021

Por la DrC. Leslie Yañez

Rectora, compañeros de la presidencia, querido Vicente, familiares y demás invitados:

En primer lugar quisiera decir que para mí constituye un privilegio haber sido seleccionada para  decir estas palabras de elogio del Dr. Vicente Vérez en ocasión de su investidura como Doctor Honoris Causa de la UH. En un momento pensé que  hubiera sido mejor que lo hiciera alguien de la altura científica de Vicente, pero después analicé que estas palabras no deben ser   solamente un recuento de sus extraordinarios logros científicos, sino también una caracterización como ser humano y entonces me  autoconvencí.

Esta propuesta partió de la Facultad de Química, donde Vicente Vérez trabajó más de 30 años, obtuvo excelentes resultados científicos, formó jóvenes, e hizo relaciones personales de trabajo y de amistad que aun hoy perduran a pesar de los años  que lleva sin pertenecer a ella.

Vicente Vérez es un campeón de la ciencia cubana, no solo por las tres vacunas desarrolladas con éxito, sino, sobre todo, por el dominio total de un área de investigación en la que ningún otro químico ha tenido más éxito que él, no solo en Cuba, sino en el resto del mundo. Cuando Vicente se dedica a hacer una vacuna, uno sabe desde el inicio que va a funcionar.

Vicente Guillermo Vérez Bencomo nació un 25 de junio de 1953, en Centro Habana, hijo del  gallego Vicente y la cubana Ela, que formaron  una familia extremadamente humilde, pero donde predominaba el amor por encima de todo. Desde pequeño Vicente manifestó una curiosidad infinita por todo lo que le rodeaba,  lo que lo llevó a romper los pocos juguetes que poseía para ver que tenían dentro  y prender un fuego en la casa haciendo experimentos químicos en ella. Cuando aún niño,  no tenía definida su vocación por la Química,  si le hubieran preguntado qué hubiera querido ser, hubiera dicho que  pelotero porque según él mismo dice, “la emoción de batear un jonrón en un estadium, los cubanos la llevamos en la sangre”. La vida científica de Vicente le ha permitido batear varios jonrones.

Cursó sus estudios primarios, secundarios y preuniversitarios en la Habana obteniendo  resultados docentes muy destacados.

En 1971 tras cursar la preparatoria en Cuba, viaja a la antigua Unión Soviética a estudiar  ingeniería química en el Instituto de Tecnología Química Fina Lomonosov de Moscú, donde aprendería a organizar como investigaciones científicas toda aquella curiosidad que desde pequeño lo acompaña. En 1977 al terminar la carrera en Moscú, y regresar a Cuba, fue ubicado en la Facultad de Química de la Universidad de la Habana como Instructor en el Departamento de Química Orgánica, impartiendo clases. En esa etapa conoce a Violeta, aún estudiante, con la cual se casa en poco tiempo, creando una familia bajo los mismos principios de la familia de él y de la de ella también: fidelidad, amor, comprensión, apoyo mutuo. Posteriormente en 1984 y 1993 nacen sus dos hijos, Claudia y David que han sido formados en el ejemplo de sus padres y que son un orgullo para él.  En 1981 viaja a Francia a realizar un entrenamiento, logrando por su esfuerzo y resultados, elaborar y presentar la tesis de doctorado de Estado, en solo dos años,  que fue defendida exitosamente en 1983. En 1984 pasa a ocupar una plaza de Investigador y  funda el Laboratorio de Carbohidratos de la Facultad de Química  asumiendo su dirección

A finales de ese año empieza a dirigir paralelamente el grupo de Síntesis Química del Centro Nacional de  Biopreparados. En 1990 ambos laboratorios se funden en uno solo y se crea el Laboratorio de Antígenos Sintéticos, el cual en el año 2000 pasa a ser el Centro de Estudios de Antígenos Sintéticos de la Facultad de Química de la Universidad de La Habana. Durante esta etapa, desarrolló un antígeno sintético para el diagnóstico precoz de la lepra que se emplea desde 1986 en el Sistema Ultramicroanalítico para el diagnóstico de esta enfermedad tanto en Cuba como en otros países y con el cual se logró que la lepra dejara de ser una enfermedad endémica en nuestro país. También dirigió el trabajo que permitió obtener un antígeno sintético del grupo sanguíneo humano B y posteriormente a partir de él, de un anticuerpo monoclonal, el cual desde entonces  se produce en Cuba y se utiliza en los bancos de sangre del país.

Pero lo que constituyó sin dudas en esa etapa, el mayor esfuerzo, el mayor logro y el mayor resultado científico, es la vacuna  cubana sintética contra el Haemophilus influenzae tipo b del cual es el autor principal.

A mediados de 1970 Cuba sufrió una epidemia de la enfermedad meningocócica. Un equipo encabezado  por la Dra. Concepción Campa, Conchita para todos, desarrolló la vacuna cubana anti meningocócica, VA-MENGOC BC con lo cual se logró controlar dicha epidemia. Sin embargo, aunque disminuyeron significativamente los casos de meningitis de origen meningocócico, se continuaron reportando casos provocados por Haemophilus influenzae tipo b,  ya que el mismo es uno de los principales patógenos  que provoca meningitis, neumonía y sepsis en la infancia  En aquellos momentos Cuba no podía permitirse una vacunación masiva importando una vacuna extranjera para controlar dicha enfermedad, por lo que el LAGS inició un proyecto que perseguía desarrollar una vía sintética para obtener el fragmento del polisacárido capsular del Haemophilus influenzae tipo b y a partir del mismo desarrollar una vacuna conjugada con una proteína. Su característica fundamental era que el antígeno no se obtendría mediante la fermentación y purificación a partir  de la bacteria sino por síntesis química. El núcleo del polisacárido se sintetiza y luego se conjuga al toxoide tetánico, logrando producir una respuesta inmune muy poderosa.

Al cabo de varios años de intenso trabajo lograron desarrollar un procedimiento que permitió obtener el antígeno sintético que reproducía al natural, desarrollar una tecnología competitiva,  establecer la producción,  desarrollar un nuevo procedimiento para la conjugación a proteínas y  demostrar la eficacia clínica.

Se demostró que esta vacuna con antígeno sintético es tan segura e inmunogénica en niños pequeños como otras vacunas ya autorizadas que incorporan el polisacárido nativo, con un 99,7% de protección a largo plazo. Quimi-Hib fue el nombre dado a la vacuna, en honor a la Química que llevaba implícita en su desarrollo.  Fue registrada  por el Centro Estatal de Control de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos de Cuba en noviembre del 2003 y tiene solicitud de patente en más de 40 países. Esta vacuna constituye un rotundo éxito de la química cubana, que demostró que el acceso a vacunas sintéticas basadas en carbohidratos complejos es factible y proporciona una estrategia alternativa en la lucha contra las infecciones. Con la obtención de  este antígeno sintético, se logró, por  vez primera, saltar la brecha entre la química, la tecnología y la medicina.  La patente de esta vacuna recibió la Medalla  de Oro de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual en el 2005 y el premio en la categoría salud del Museo para la innovación de San José, California, EE.UU. Actualmente forma parte de la vacuna cubana Pentavalente (tétanos, difteria, tos-ferina, hepatitis B y Haaemophilus).

La vacuna contra el Haemophilus influenzae tipo b marcó un hito al ser la primera y aún 20 años después  la única vacuna que se emplea comercialmente y que está basada en un antígeno totalmente sintético.

 A partir de estos resultados y de su reconocimiento internacional Vicente Vérez ha sido invitado como conferencista plenario en los eventos más importantes del mundo de las especialidades de glicobiología,  glicoconjugados y carbohidratos. De la vacuna Quimi-Hib ó incluída como parte de la vacuna pentavalente (Heberpenta) se han producido y comercializado más de 60 millones de dosis. Pero no todo en esta etapa fue color de rosa. Fue una etapa  muy difícil, de un trabajo físico e intelectual inmenso e intenso y no exento de algunas incomprensiones, de burocracia, de limitaciones materiales. Pero contra todo eso luchó Vicente.  Aún lo recuerdo tumbando  a mandarria una pared que hacía falta tumbar y se demoraban en hacerlo ,los que tenían que hacerlo, recuerdo cuando no había agua destilada en el laboratorio ni en la Facultad y para no detener el trabajo, la traían desde el Polo Científico,  recuerdo los viajes al aeropuerto de noche y fin de semana a esperar el avión de España que traía el termo con el Helio liquido para el equipo de Resonancia Magnética Nuclear, porque   le había costado muy caro al país y no se podía romper si no llegaba a tiempo el Helio. Recuerdo el viaje de la Habana hacia Camagüey viniendo un ciclón de Camagüey hacia la Habana para participar en los ensayos clínicos que se harían en esa ciudad porque no se podía perder tiempo.  A Vicente no hay nada ni nadie que lo detenga cuando tiene una meta que cumplir, ni los problemas materiales, ni los problemas subjetivos, ni la burocracia, ni la salud, ni un ciclón. Y arrastra consigo a su colectivo, porque es capaz de transmitirles el entusiasmo, la pasión, la seguridad, y la intrepidez que lo caracterizan.

Recibió la Orden Carlos J. Finlay que otorga el Consejo de Estado en 1995 y la Distinción Especial del Ministro de Educación Superior en los años 1996 y 2003. Ha sido seleccionado Vanguardia Nacional del Sindicato de la Ciencia en los años 1995, 1997, 2002 y 2003.Ha alcanzado Premios Nacionales a los resultados Científico-Técnicos de la Academia de Ciencias de Cuba en: 1993, 1994, 1996, 1999, 2004, 2013, 2014, 2015 y 2017 Recibió en 1999 y en el 2004 el Premio Especial del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente al resultado de mayor Relevancia Científica. Ha alcanzado Premios al resultado que refleja el avance de Mayor trascendencia y Originalidad de la UH en 1986, 1992, 1996, 1998, 2001 y 2003.  Recibió en el 2004 la distinción “La Giraldilla” de Ciudad de la Habana, en el 2006 el premio Nacional de Química y en el 2007 la distinción Honrar Honra de la Sociedad cultural José Martí y el premio Arango y Parreño de la Sociedad Económica Amigos del país. Es Héroe de la República de Cuba

Durante su estancia en la Universidad de la Habana perteneció al Consejo Científico de la Facultad de Química, fue miembro del Ejecutivo de la Sociedad Cubana de Química y  del Grupo de Expertos del Programa Nacional de Vacunas. Desde el 2006 es miembro de mérito de la Academia de Ciencias de Cuba. Anteriormente había sido miembro titular en los períodos 1998-2002 y 2002-2006.

Es el representante de Cuba ante la Organización Internacional de Carbohidratos y presidente de la sección de Carbohidratos de la Sociedad Cubana de Química. En el 2007 fue elegido miembro de la Academia de Ciencias del Mundo en desarrollo (TWAS).  En el año 2009 recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad canadiense de Quebec en Montreal. En el año 2013 fue elegido miembro de honor de la Sociedad Latinoamericana de Glicobiología y de la Sociedad Cubana de Inmunología. Fue premiado con la conferencia en memoria de “William J Probst” en el año 2006, en la Universidad del Sur de Illinois, Estados Unidos.  Recibió la Orden de Caballero de la Legión de Honor de la República francesa en el 2015 y Premio de la Sociedad Iberoamericana de Química Orgánica en el 2019

Ha impartido más de 30 conferencias plenarias en eventos en Cuba y en países como México, Uruguay, España, Rusia, Alemania, Dinamarca, Canadá, Australia, India, Holanda, Suecia y Estados Unidos. Habla ruso, inglés y francés y  ha publicado más de 100 artículos en revistas científicas de prestigio.

Con todos estos reconocimientos tanto nacionales como internacionales, y la inmensa satisfacción de haber podido salvar vidas de niños debido a la vacuna contra el Haemophilus influenzae tipo b, Vicente se hubiera podido dedicar a llevar una vida científica más reposada, escribir artículos, impartir conferencias, participar en Congresos. Pero entonces no sería Vicente.

En el 2008 se decide unir el Centro de Antígenos Sintéticos de la UH con el Centro de Química Farmacéutica y convertirlo en el Centro de Química Biomolecular, como parte del Polo científico de la Biotecnología, asignándole a Vicente la dirección del mismo. La salida de Vicente de la Universidad  fue un momento alegre y triste a la vez, al menos para mí.  Por una parte, ganarían la dinámica y el estilo de trabajo del Polo Científico, lo que aceleraría sin dudas la obtención de los resultados científicos, pero por otra,  Vicente y su colectivo dejarían de pertenecer  a la UH, aunque sentimentalmente se mantuvieran ligados a ella.

Como comprenderán, no fue una tarea nada fácil unificar en un solo centro, dos instituciones con estilos de trabajo diferentes, historias diferentes, pero Vicente lo asumió y organizó el nuevo centro a la par que trabajaba intensamente en el desarrollo de otra vacuna cubana, esta vez contra los neumococos, agente patógeno causante principal de neumonía y meningitis bacteriana en los niños.

Esta vacuna está compuesta por los polisacáridos de los siete serotipos de mayor incidencia y circulación en Cuba (1, 5, 6B, 14, 18C, 19F y 23F), todos conjugados al Toxoide Tetánico. Esta vacuna, con siete antígenos de la bacteria, constituyó un reto para la química y es el producto vacunal más complejo desarrollado por el sistema biotecnológico cubano.

En el año 2011, Violeta, su esposa, su compañera en la vida y en el trabajo, segunda al mando en todos los proyectos y en la dirección del Centro de Estudios de Antígenos Sintéticos de la UH y posteriormente del Centro de Química  Biomolecular, nos deja para siempre, con una muerte temprana, creando un inmenso vacío en el plano científico, de dirección y personal para Vicente y para todos los que la conocimos. Fue difícil para Vicente recuperarse de ese golpe y no perder el rumbo de su trabajo y de su vida. Violeta no pudo ver terminada la vacuna contra los neumococos, pero la misma lleva el nombre de Quimi-Vio

Pero años después de este gran golpe, la vida puso en el camino de  Vicente, una compañera también de excepcionales cualidades, Cristina,  con la que comparte hoy su vida, que  lo acompaña, lo comprende, lo cuida y lo hace feliz nuevamente.   

En el año 2015, cuando a partir de un trabajo muy grande y muy tenso, la fusión del Centro de Antígenos Sintéticos de la UH con el Centro de Química Farmacéutica creando el Centro de Química Biomolecular ya estaba consolidada, se decide, integrar dicho Centro de Química Biomolecular al Instituto Finlay de Vacunas, y asignarle nuevamente a Vicente su dirección desde ese momento. Eso significaba un reto aún mayor, fundir en un solo centro, dos centros grandes, con historias diferentes,  pero a Vicente le gustan los retos. Asumió esa decisión con el mismo ímpetu con el que al llegar a la Facultad en el año 1977 recién graduado y con 24 años de edad le dijo al Decano: yo necesito un laboratorio. Y puso todo su empeño en  integrar de nuevo dos centros y lo logró  y continuó trabajando en la vacuna del neumococo.

Cuando el Presidente del país en mayo del 2020 los visita y se reúne con ellos, les plantea que la tarea de los científicos no terminaría hasta que no tuviéramos una vacuna  propia contra el  Sars-Cov-2”. Otros podrían llegar primero, pero nosotros necesitábamos nuestra vacuna porque necesitábamos tener soberanía. Y Vicente que tiene los pies bien puestos en la tierra pero la mente en el cielo, con su capacidad para ver bien alto y bien lejos, se dio cuenta que era necesario trabajar en esa vacuna contra la covid a expensas de afectar otros proyectos. En tres intensos días, diseñaron un proyecto muy rápido, que tuviera el menor por ciento de incertidumbre y la mayor posibilidad de innovación. La Soberana 1, la 2, incluso lo que es hoy la Plus, nacieron en esos tres días. Y a eso se han dedicado en cuerpo y alma él y todo su colectivo desde ese momento, logrando  la vacuna que orgullosamente no podía llevar otro nombre que el de Soberana.

La estrategia para producir grandes cantidades de estas vacunas se basó en el empleo de la plataforma tecnológica de vacunas de subunidades existente en el Instituto Finlay para las vacunas Quimi- Hib y VA-MENGOC-BC. En colaboración con varios centros de BioCubaFarma, el Finlay desarrolló tres candidatos vacunales: Soberana 01, 02 y Plus. Estos candidatos emplean como antígeno el RBD (Receptor Binding Domain), sitio de unión del virus SARS-CoV-2 al receptor en la célula hospedera del organismo (receptores de ACE2 en células humanas). El candidato Soberana 01, además del antígeno RBD contiene proteínas de membrana del meningococo serogrupo B; Soberana 02 contiene la proteína RBD conjugada covalentemente al toxoide tetánico y Soberana Plus, está basada en subunidades de la proteína RBD expresada en forma dimérica. Soberana 02 se distingue del resto de las vacunas del mundo, ya que es la única vacuna conjugada contra la COVID-19 y además, resalta la importancia de la química en la obtención de las vacunas modernas. Esta vacuna tiene la capacidad de despertar no solo una respuesta de tipo B  para producir anticuerpos, sino también una respuesta de tipo T, citotóxica. Estas dos respuestas le confieren la posibilidad de mayor nivel de eficacia.  La aprobación de estos candidatos vacunales convirtió a Cuba en el primer y único país de América Latina en crear y producir su propia vacuna contra la COVID-19, y Vicente colocaría una vez más el nombre de la química cubana bien alto.

En el plano personal y familiar, Vicente es un excelente padre al decir de sus hijos  Claudia y David  y un magnifico abuelo de Violetica, Xabiola y Alejandro al decir de sus propios hijos.  Poseedor de una férrea voluntad, camina diariamente una hora al amanecer y en el poco tiempo que le deja libre el trabajo científico, cultiva orquídeas, con pasión, como todo lo que hace. Es un gran coleccionista de orquídeas, con una colección impresionante, que sobrepasa  varios cientos de ejemplares de las especies más difíciles de cultivar.

En el Orquideario de Soroa Vicente es como de la familia. No solo ha visitado el sitio muchísimas veces, sino que ha participado, junto a los trabajadores de ese centro, en expediciones a la Sierra del Rosario. Su numerosa colección ha nutrido la del propio orquideario y ellos a su vez, han compartido con él fragmentos de especies que él no posee. Allí lo recuerdan por su ética y responsabilidad con la naturaleza, y sobre todo por su humildad

 En los momentos más difíciles y tristes de su vida ha estado allí,  cuando el estrés de la vacuna contra el Haemophilus influenzae tipo b o cuando falleció su esposa. El día que se mudó de casa, lo primero que pensó fue en un lugar para las orquídeas. Cuando viaja siempre hay algún reproche a quien tuvo la difícil misión de atender sus plantas en su ausencia

Tiene o tenia, (hace mucho tiempo que no lo tomo), su receta particular para hacer exquisitos batidos de chocolate, adicionándole masa de coco y vainilla. Cuando por  sus excelentes resultados científicos, se le entrega un carro por la dirección del país, entrega por iniciativa propia el que tiene de su propiedad, a la Facultad de Química para uso estatal del mismo

Independientemente de sus excepcionales méritos científicos, Vicente Vérez es una persona extremadamente sencilla, y modesta, colaborador, con una dedicación al trabajo encomiable, muy seguro de sí mismo, osado, decidido, y que no se atemoriza ante ninguna dificultad que se le presente, ya sea laboral ó personal. Su pasión por todo lo que hace, le permite poseer el raro don de cautivar a quienes lo conocen y una capacidad pocas veces vista para aglutinar personas alrededor de un proyecto. Tiene una excelente visión para abordar los proyectos investigativos mas pertinentes y con resultados aplicables y actúa siempre con ética y lealtad.  Vicente es una persona muy enfocada en la meta a lograr. Los que se han formado a su lado, han aprendido a hacer una ciencia diferente, a hacerse las preguntas que hacen falta y no todas las que pueden pasar por la mente de un científico; a vencer cada etapa sabiendo que se dejan cosas atrás, pero que las que están por delante son más importantes para llegar al  final.
 Es un soñador,  pero con los pies en la tierra. Piensa y actúa con un altísimo compromiso con nuestro país, orgulloso de ser cubano  y es un ejemplo para la comunidad científica. No necesita recompensa material ninguna para seguir adelante. Su mayor  recompensa con estas vacunas son  las vidas de niños salvadas, y por ejemplo cuando llamó a su hija  por video llamada y  le mostró el primer frasco que decía: “Candidato vacunal antiSars-Cov-2” y ninguno de los dos pudo pronunciar palabras.

Vicente es una persona genial intelectualmente,  tiene un equipo que sabe interpretar e implementar  su genialidad en  tiempo record, lo que le otorga mérito no solo a él, sino también al equipo, que además le profesa una confianza que no solo tiene razones científicas para seguirlo, sino también razones personales y  humanas. Sin embargo,  la causa fundamental del éxito de las vacunas de Vicente no se debe solo a su conocimiento y la calidad de su equipo, sino al pragmatismo con que logra reconocer que una buena idea, sino es de fácil implementación, no vale nada en el mundo actual, donde no solo vale llegar, sino hay que llegar en tiempo y llegar a todos.

Esta característica de Vicente podría definirse como pragmatismo dialéctico, porque él no se cierra a ninguna alternativa, las contempla todas, logra cambiar una primera y hasta una segunda opinión sobre una estrategia, lo que nunca está dispuesto a cambiar es el objetivo de la estrategia, y ésta es desarrollar una vacuna eficaz y viable en las condiciones reales de la ciencia cubana. La  sinergia entre su genialidad, su equipo y su pragmatismo, son la clave del éxito.

Pero este reconocimiento que hoy le entregamos a Vicente, no es solo por haber desarrollado varias vacunas, tres para ser más específica. Ningún otro científico en Cuba y quizás muy pocos en el extranjero pueden exhibir semejante resultado.  Este reconocimiento se le entrega además por haber creado una escuela de hacer vacunas. Esa escuela comenzó en la Universidad de La Habana,  creció, se hizo grande, y hoy es una escuela de la industria biofarmacéutica cubana. Esta escuela tiene su marca personal, y es el empleo de la química sintética como base del desarrollo de vacunas. Otras vacunas son  biología molecular y estructural, que  usan genes para unir grandes proteínas. Pero las vacunas de Vicente tienen una marca, que es utilizar la química sintética para modificar y unir grandes biomoléculas. Si esa marca química no aparece, la vacuna no es de Vicente.

Las vacunas Soberanas contra el COVID-19 tienen mucha química en la forma en que esas proteínas tan gigantes y fabulosas son modificadas y conjugadas. La vacuna Quimi- Vio contra neumococos tiene muchísima química en su forma de modificar y conjugar los polisacáridos bacterianos. Y  la original y más genial de todas, llamada Quimi- Hib, es pura química, es la vacuna más bella y auténtica que se ha desarrollado en Cuba, y quizás en el mundo.

 Cuba hace tiempo puede contar la historia de su  escuela cubana de boxeo y Teófilo Stevenson, de su escuela cubana de ballet y Alicia Alonso, y con orgullo ahora podrá contar también con su escuela cubana de vacunas basadas en  la química y Vicente Vérez. Vicente conjuga la fortaleza  de Stevenson con la sensibilidad de Alicia. Es un campeón y es un artista.

Vicente podrá con orgullo, hablar  de los niños que no se enfermaron ni murieron gracias a las vacunas Quimi- Hib y Quimi- Vio, y de como una gran parte de toda Cuba volvió a la normalidad gracias a las Soberanas, pero su mayor  legado  a la ciencia cubana es haber creado la escuela cubana de vacunas,  utilizando  la química sintética como base del desarrollo de las mismas. Los más jóvenes de su equipo, los formados por él, se encargarán seguramente que ese legado se mantenga.

Felicidades Vicente. Que la vida te de mucha salud para que puedas seguir bateando  jonrones de vacunas y obteniendo muchas medallas de oro para tu pueblo y otros pueblos del mundo.

Muchas gracias

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